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El Baix Penedès a
primera vista
Desconocemos con qué
criterio se llevó a cabo la comarcalización de la Catalunya Nova. En
el caso del Baix Penedès, como el Tarragonès, Baix Camp, y así hasta
el sur, se ha conseguido una sabia conjunción de playas, tierras de
labor y montañas, que alcanza la perfección en el Baix Penedès.
De
esta forma el carácter de los montañeses se suaviza con la mar azul
y cálida de sus horizontes, el dúctil de la costa encuentra su
armonía con sólo volver los ojos hacia el Montmell vigilante y
protector, y las gentes de la plana mantienen el equilibrio por el
sólo hecho de su ubicación.
Montaña, cultivos y mar.
Caza desde mucho antes de los tiempos de Joan el Caçador. Vino y
aceite para las necesidades espirituales del Monasterio de San Cugat
primero, y para los pageses después. Pesca y mar para el solaz, con
permiso de los corsarios. Es difícil encontrar una comarca más
completa, más redonda, como el vino que producen.
No
siempre fue así. En la Edad Media, la Catalunya Nova se convirtió en
recompensa para los nobles y la Iglesia que ayudaban a los monarcas
catalanes a reconquistar a la media luna esas tierras y otras más
hacia el Sur, con todo lo que ello conllevaba de inestabilidad. En
lo que después se convirtió el Baix Penedès sólo se debe a la
voluntad de sus gentes, a nadie más.
Hemos sido felices
recorriendo el Baix Penedès, y eso creemos que lo vamos a
transmitir. Lo hemos comprendido, en la medida de nuestras
posibilidades, y eso nos parece importante. Nos hemos sorprendido en
el Montmell, buscando ermitas. Nos hemos detenido en la plana para
probar el vino y nos hemos bañado en la suavidad de las playas. Todo
es fácil en esta comarca (menos la subida al castillo y la iglesia
de Sant Miquel, que hizo por nosotros Toni Gonzàlez para obtener
unas magníficas fotos) todo es amable.
Prueben
nuestros lectores a, en un solo día, visitar la ermita de Sant Marc
en las fragosidades de la sierra. Acercarse hasta L’Arboç para ver
edificios modernistas que envidiaría una gran capital. Comer en la
cabecera de la comarca un xató. Adquirir en cualquier lugar una
botella de aceite Virgen Extra y otra de vino de la tierra. Y ya por
la tarde-noche, en la playa, darse un baño o pasear, según la época
del año.
El
entorno físico
La comarca tarraconense del
Baix Penedès no alcanza los trescientos kilómetros cuadrados. La
población se compone de casi setenta y cinco mil habitantes. En diez
años, de 1991 a 2001, creció el cincuenta y ocho por ciento. Es la
grandeza de un país, como Catalunya, capaz de asumir la población de
las zonas propias que van despoblándose, además de las de otras del
Estado Español. Tarragona es un claro ejemplo de esta situación. Los
habitantes de la zona interior ha encontrado acomodo en sus
litorales gracias al turismo, a la industria, a las cooperativas y a
una racionalización del agro digna de ser imitada.
El
Baix Penedès es una de las tres comarcas en que se divide el
Penedès. Su cabecera es El Vendrell. Forma un óvalo abierto al mar,
con algunos salientes forzados por los reajustes comarcales o por el
relieve físico, su techo lo forma la solidez de la sierra del
Montmell, donde alcanza su cota máxima a los 861 metros, con alturas
también relevantes en Aiguaviva (752) y el puig de l’Águila (705).
Desciende por la plana cultivada hasta el Mediterráneo. El agua
abunda en el norte –los topónimos Aiguaviva y Banyeres se explican
solos- y en Tomoví, desde donde se abastece al Vendrell. El resto es
un conjunto de rieras que van drenando la comarca y cuyo caudal
depende de las lluvias caprichosas propias del litoral mediterráneo
y que las llevan, o al mar directamente, o al río Foix, que discurre
por la comarca del Garraf.
La
vegetación es frondosa en el Montmell, donde abunda el pino blanco y
la encina con un sotobosque rico en romero, brezo, zarzaparrilla,
madreselva, hiedra, ruda, verbena, cola de gato y otras especies,
que a buen seguro servirían a sus habitantes primitivos (e incluso a
los actuales) para curar los males y adobar la caza. Además abundan
los níscalos, los boletus de tronco, las morillas, patas de rata,
piernas de perdiz y un largo etcétera que distinguen muy bien los
habitantes de la zona. Esta vegetación va degradándose, según se
desciende en altura, en masas de garriga donde abunda el matorral,
el coscojo y la carrasca, hasta llegar al palmito en los escasos
espacios que las edificaciones costeras lo permiten.
En
la zona conocida como la Plana, entre la montaña y la costa, se
asientan las tierras de cultivo, unas agrupadas en masías, y otras
no. Predomina la viña, cuyos frutos ofrecen vinos con denominación
de origen unos, y otros, como parte de la uva blanca, se destina al
cava. Le sigue en importancia el olivo, que da un aceite afrutado y
exquisito. Los dos cultivos principales van acompañados de
avellanos, almendros, algarrobos y ganadería ovina, porcina y aviar.
Los campos, cuidados y
hasta mimados, mullidos podríamos decir, se ven salpicados de unas
construcciones que aparecen también en otras comarcas, como en el
Tarragonès, a la que pertenecemos y donde las vemos con frecuencia,
nos referimos a las barracas de piedra seca, algunas en muy buen
estado de conservación.
Los
habitantes que no se dedican a la agricultura y la ganadería
trabajan en el sector terciario, o en las fábricas de la comarca e,
incluso, en otras zonas de Tarragona o Barcelona, aunque tienen su
residencia fija en el Baix Penedès. A este panorama hay que añadir
el de las segundas residencias que, si bien dan mucha vida a la
comarca, en algunos casos han colonizado los términos hasta cotas
altas, tanto, que no resulta raro encontrarse con urbanizaciones en
las cimas de las montañas.
Una mirada sobre el Baix Penedès
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