PASEANDO

Por los alrededores del Francolí y el Gaià

 

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Alt Gaià
Cuando la primavera daba comienzo y los almendros blanqueaban los valles, descendimos de la Meseta hacia el Mediterráneo por los caminos de curvas flanqueados de olivos, viñas, castaños y pinos. Bajábamos del frío seco a la brisa marina, de las tierras numantinas a las romanas, de las de la repoblación del Duero a las industriosas costeras. Entre la Meseta y el Mediterráneo, se asientan otras tierras de Reconquista, otros señoríos vertebrados alrededor de dos ríos y de dos monasterios. El Francolí y Poblet por un lado, y el Gaià y Santes Creus, por otro. Y ahí nos detuvimos por unas horas a la ida y otras a la vuelta, antes de permitir que el Mediterráneo nos volviera a cautivar, otra vez, tal vez por aquello de que nuestra niñez sigue jugando en su arena.

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Pontils. Alt GaiàPor ese paisaje de la Tarragona del Norte, se extiende la cordillera Prelitoral y la de Prades, se alzan los castillos enriscados indicándonos, aquí también, la reconquista, los lugares de los condes independientes, de templarios y cistercienses. Tierras que aún mantienen la rebeldía de las comarcas naturales, pasando de la imposición franquista. Su presente, parecido al de la tierra de donde llegábamos, es una mezcla de agricultura mediterránea, bosque y algunos pueblos deshabitados. Pero en Tarragona, los pageses sólo tuvieron que desplazarse unos kilómetros, dentro de su propia tierra, para incorporarse al mundo laboral.

Voy a omitir datos concretos históricos, de población y todo eso, que pueden encontrarse en cualquier guía turística, porque me distraerían de las sensaciones, tendría que acudir constantemente a otras webs, a libros y enciclopedias y, puesto que desconozco la zona, me haría caer en errores, a pesar de todas las consultas. Quiero dejar aquí plasmado lo que sentí mientras veía, olía y escuchaba.

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Arcos templarios. Les Garrigues (Lérida)Antes de entrar en tierras tarraconenses, en las hermanas de Lérida, concretamente en Les Borges Blanques, llamada la capital mundial del aceite, han instalado lo que ellos llaman parque temático del aceite. Dicen que allí estuvieron instalados los templarios y para dar fe de ello, se conservan unos arcos de piedra. También avala esta instalación de los monjes guerreros documentación hallada en la que se recogen pleitos entre la Iglesia y los del Temple sobre la cobranza de diezmos, esos impuestos deseados, muy rentables, pues significaba que de cada diez arrobas, corderos o lo que se produjera, una parte, indefectiblemente, iba a parar a las arcas de obispos, beneficiados y monasterios, pero siempre a instituciones de la Iglesia Católica, a mayor gloria de Dios.

 En una extensa explanada, numerosos olivos milenarios hunden en la tierra sus raíces e, incansables, siguen dando sus frutos que se convertirán en aceite verde, transparente, algo ácido o amargo, según la savia que recorra el alma del olivo y la forma de prensarlo. Alrededor de ellos han instalado prensas y artefactos llegados de lugares lejanos, pero todos unidos por el antiguo y generoso árbol. Un museo completa la oferta y, al final de la visita, puede probarse, untado en pan, el aceite.

Y los Templarios siguen presentes en la parte Norte de Tarragona, por tierras del vino, la Conca de Barbará, el Alt Camp, el Baix Penedès. No olvidemos que Alfonso I de Aragón legó todo su reino al Temple. Su hermano Ramiro, de sobrenombre El Monje, hubo de salir de sus latines, casarse y engendrar una hija, entregada con rapidez a la corte del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, para  poner orden en el reino de la tierra y en el otro, a donde volvió Ramiro una vez deshecho el entuerto.

Con tan poderosos caballeros de la cruz y la espada hubo de pactar el de Barcelona, y les otorgó los derechos, traducidos en señoríos e impuestos, de la zona (Vallfogona, Valldossera, Espluga de Francolí...), las fortalezas de las tierras de Barberá, Montblanch y algunas encomiendas.

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Monasterio de Poblet¿Sería para contrarrestar la influencia de religiosos tan guerreros, por lo que Ramón Berenguer fundó el Monasterio de Poblet? O tal vez para que los austeros monjes observantes de la regla de San Benito velaran por sus almas y sus despojos, situados en la iglesia del convento. Porque en Poblet se hicieron enterrar muchos de los reyes de la dinastía catalano-aragonesa, y como la muerte, una vez llegada, no entiende de rivalidades mundanas, se encuentran muy juntos Jaime I el Conquistador y Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso rey que deshizo, mediante la batalla de Llucmajor, en el reino de Mallorca, la obra del Conquistador, y arrebató la corona a la línea sucesoria que había estipulado Jaime I.

La barbarie, irreflexiva e inculta, repudió aquellas paredes, las destruyó, y con ellas, siglos de Historia, de mandatos y misivas reales, de concesiones... Y hasta las tumbas de reyes y condes, los que gobernaron y guerrearon, fueron destrozadas y sus huesos esparcidos por el suelo. Allí, en esa desolación, estuvo Gaudí con un grupo de amigos, cuando finalizaba el siglo XIX, por los años de la Renaixença, corriendo con antorchas encendidas por el abandonado claustro y lanzando bengalas al interior. Al final, desde el presbiterio, al pie del retablo alabastrino, cantaron la Salve Regina, y en ese canto estuvo presente mosén Jacinto Verdaguer, quien años después habría de atacar (y enfrentarse) con el mentor de Gaudí, el marqués de Comillas, de la familia Güell. Pasados bastantes años, el escultor Federico Marès sería el encargado de restaurar unas sepulturas que hicieron gastar, siete siglos atras, mucha tinta al Ceremonioso, director de su propia tumba a lo largo de toda su vida, hasta en los detalles más nimios.

Martín el Humano, el rey de Aragón y Cataluña culto y sensible, que quiso intervenir a favor de los pageses de remensa, mandó construir en el recinto un palacio real, y allí se conserva, entre tanta noble piedra de tan austera desnudez que no distrae de la oración y la reflexión.

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Poblet. LavatorioAl llegar a L’Espluga de Francolí comprendimos la ubicación del monasterio. Como todos los cenobios, el agua es fundamental. Los monjes, que oran y laboran, necesitan para esta última actividad el agua abundante, y en L’Espluga nace el río Francolí o, para más exactitud, el manantial más importante de él, ya que a él se une un arroyo que descendía abundante de caudal. A la salida del principal se construyó el lavadero público y una lápida marca la altura que el agua alcanzó en el siglo XIX, causando veintitrés muertos. En el paraje unas fábricas de traza modernista, los cellers, dan cobijo a un gran estanque repleto de patos, compañeros de otros que habitan el río. Es tierra de vino y de carquiñolis, esas pastas secas, comenzadas a fabricar para aprovechar los restos de la masa y las almendras rotas, y convertidas ya en producto comarcal.

Dejamos Montblanc para otra ocasión, porque, nos aseguran, este enclave medieval bien vale un viaje exclusivo.

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Alto FrancolíA la orilla del río Gaià, en el municipio de Aiguamurcia, se asienta el otro monasterio del Cister, Santes Creus, éste sin habitar. Unos kilómetros arriba nace, en la sierra de la Brufaganya, el río que apoya las instalaciones. La leyenda dice que allí se retiró a meditar
sant Magì, a quien los submarinistas tarraconenses procesionan bajo el agua, desde una cueva submarina, muy cerca del fortín de sant Jordi, lugar donde, por cierto, se esparcen algunas cenizas de personas pasadas a mejor vida. Y en esa sierra, sigue la leyenda, el santo Magì hizo brotar las fuentes del río Gaià, y allí, en honor del varón, levantaron un santuario donde es costumbre (o era) que acudan los novios a pedir la protección del santo, a la vez que dejan caer en la fuente algunas monedas.

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Santes Creus. IglesiaUna parte del convento ha sido aprovechada para mostrar a los visitantes la vida en el interior, sirviéndose para ello de la voz, la música y la luz. En forma de haz, va situándose en los entrepaños, la curvas de las ventanas abocinadas, el suelo o las bóvedas, para mostrar el noble hacer del cantero, las labores agrícolas al canto del gallo, o las transcripciones en el scriptorium.

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Acueducto romano. Pont d'ArmenteraDesde Santes Creus, provistos de productos de la tierra, donde no falta el vino, el aceite, el embutido y los carquiñolis, seguimos el curso del río Gaià, y nos detuvimos en Pont d’Armentera, sólo para ver el acueducto romano por donde, todavía, discurren las aguas. A su alrededor unas pequeñas huertas producen, para la economía familiar, verduras y hortalizas.

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QuerolPor caminos de curvo trazado, bordeados de pinos y bien cubiertas las tierras bajas de viñas, almendros y olivos, llegamos hasta Querol, donde se enrisca un castillo que ya sólo sirve de admiración, por fortuna. Junto al lavadero, también en desuso, pero abundante de agua, comimos lo que la tierra del Norte de Tarragona ofrece.

La ruta sigue, entre pinos, pueblos deshabitados, alguna pequeña ermita restaurada, castillos un día vigilantes, hasta llegar al soberbio enclave de Santa Perpetua de Gaià, donde, junto a los restos de la fortaleza, una enorme iglesia que aporta la fecha sobre la clave de la puerta principal –1806-, se muestra enorme y en ruinas, sobre un altozano desde donde, al fondo, se ve discurrir el Gaià por entre rocas, formando duros meandros.

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Santa Coloma de QueraltAntes de abandonar Tarragona para entrar en Lérida, hicimos un alto en Santa Coloma de Queralt, donde aún se conserva parte de la judería, para fotografiar la fachada del castillo-palacio de los condes, tan unidos a Soria, donde tuvieron palacio, casas y propiedades rústicas, al emparentar con nobles castellanos. 

En medio de las dos rutas, volvimos a pasear por las marismas o aigüamolls de Creixell y Torredembarra, solitarias de personas, abundantes de agua por las recientes lluvias y de ánades. De nuevo las miradas se posaron sobre las palmeras que adornan el lugar donde, bajo agua, está la cueva de sant Magì, pasando antes por el anfiteatro y la playa del Milagro.

Nos detuvimos en la visita de la Catedral de Tarragona, con la T de la santa Tecla por todos los lugares, la catedral de la leyenda de la bala perdida y del salomonet de les matines, aunque, una vez más, no pudimos ver la imagen de la virgen de la Guía, en estado de restauración. Son ya muchos meses sin que el niño pueda salir por el claustro a jugar con el follet.

Volveremos muy pronto, tal vez en unos días, a esta tierra catalana, acogedora e industriosa.

© Isabel Goig Soler
http://www.tarragona-goig.org

    Poblet
    Santes Creus. Alt Camp
    Les Garrigues. Cerespain
    Ajuntament Les Borges Blanques
    Fotos de Santes Creus y Tarragona. Familia Masot-Llima

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©Isabel y Luisa Goig e Israel Lahoz, 2002